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Una conversación amena

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Editorial: Sporting FC, el fracaso de una billetera sin alma

En el fútbol costarricense existe una verdad tan vieja como el juego mismo: el dinero compra piernas, pero no compra identidad. El Sporting FC se ha convertido, por mérito propio, en el monumento al despilfarro y la carencia de arraigo. En un ecosistema donde conviven los “grandes” por historia y los “tradicionales” por pertenencia, el equipo albinegro aparece como un ente extraño, con una billetera gruesa pero un pecho vacío.

Desde su irrupción en la Primera División, Sporting ha seguido un patrón autodestructivo: fichar por nombre y no por hambre. Se han especializado en recolectar figuras con salarios de estrellas, justificando sus fracasos en la “juventud del proyecto”. Sin embargo, la estadística actual es una bofetada a esa inversión: el equipo no celebra un gol desde el pasado 26 de octubre. Son ya seis partidos consecutivos de sequía absoluta, una cifra que debería avergonzar a una planilla diseñada, en teoría, para pasarle por encima a cualquier rival.

Las declaraciones de Andrés Carevic tras el naufragio en San Carlos son demoledoras: “Hay que cortar de raíz varias cosas que hemos visto en el equipo”. La frase no es solo un diagnóstico deportivo, es una confesión de crisis interna. Cuando Carevic habla de “cortar de raíz”, señala que la estructura está podrida desde la base. Y la razón es obvia: Sporting FC carece de identidad.

Esa mística no se consigue levantando piedras en las calles, ni se adquiere por transferencia bancaria; se construye con barro, con historia y con el respaldo de una afición que hoy brilla por su ausencia. Sporting se ha convertido en la “zona de confort” para jugadores que prefieren la comodidad de la capital antes que el desafío de equipos con verdadero arraigo como San Carlos, Pérez Zeledón o Liberia. Equipos que, con menos presupuesto, tienen algo que los albinegros ni siquiera saben dónde buscar: alma y pueblo.

La agresividad de Sporting en el mercado no tiene límites. No solo se llevaron a un técnico de cartel, sino que intentaron desmantelar proyectos ajenos —como el del Cartaginés— buscando el éxito instantáneo a golpe de talonario. Pero el fútbol es sabio y suele poner a cada quien en su lugar.

Como bien nuestro querido Luis Castro Ortiz (qdDg), lo de este equipo ha pasado de lo sublime a lo ridículo en apenas una semana. Sublime por el ruido mediático al “golpear” la mesa del mercado, y ridículo porque, tras dos fechas del Clausura, el equipo sigue siendo el mismo cascarón vacío de siempre: sin goles, sin puntos y, lo más grave, sin alma. Sporting FC debe entender de una vez por todas que el respeto en la cancha no se deposita en una cuenta bancaria, se gana con la identidad que hoy no tienen.